Anhelo ser libre como tu mirada.



A veces me quedo a solas conmigo misma y veo formalidad. En mi trabajo, me invitan a alzar la copa por el logro de mi tarea cumplida. Un amigo de cafes y muchos silencios, me ha pedido que vaya a morir en su guerra. Mi vecina del 5º me hace los cargos subiendo en el ascensor para que pida perdón y dé la razón al presidente de la comunidad (su marido).

Mi amante perezoso me aconseja que vote en blanco, que tome partido, que patalee, que me manifieste mil veces ante el congreso del soberano, que no dejé de ver la tele. Que sea como todos para no sobresalir. Mi novia que besa como las actrices me dice que exija ante quien proceda para que me den lo que me corresponde y que vea Juego de Tronos para que luego se la cuente. Mi padre imparcial me ha pedido que me suscriba a ABC porque son de toda la vida de dios. Mi amiga eventual me aconseja que no dejé de escuchar la discografia enterita de los Beatles. Mi expareja me exige que esté al tanto de cada una de las cosas de las que se supone que hay que estar al tanto. (Y ráscame la espalda que me dá gustirrinín)

Mi abuelo mondadientes me aconseja que debería dejar suelto al perro y que haga pis por todos los rincones. Mi novio con barba perfumada y cuidada me pide que conteste todos los e-mail que lleguen a mi bandeja de entrada. El cura pederasta me aconseja de la importancia y deber de poner la otra mejilla. Mi profe de mates me asesora que debería entender cualquier discurso ajeno. Mi peluquera wassap me ilusiona con que debo leer cualquier libro en papel que cae en mis manos. Mi hermana díscola me impone que debería hacer un esfuerzo/todos los esfuerzos del mundo. Mi tio el conquistador me pide que debería escuchar más y hablar ná. Y asentir. (Me dice: Deberías asentir más, Olivia. Que asientes mú poco) Y callarte.

Mira, no voy a hacer nada de eso.

Es rotundamente injusto exigir lo que no somos capaces de ofrecer. Ya digo: Mientras me quedé por lo menos un motivo. Y si no queda, toca inventarlo. (Pero que no acaben con mis ganas de sacarte a bailar)

15 comentarios:

Atrevete a decirme lo que piensas...Estoy deseando saberlo. Vaaaaaa, dímelo.

Caminando por la senda del olvido.


Yo no sé que nos pasa pero hemos borrado las huellas de las personas y de los animales. Después comenzaran a borrarse los caminos (esos que no nos llevan a Roma). No sé si tú lo sabes pero estamos perdiendo frutales, saltos de agua, cuevas, sembrados, veredas. Esas sendas que circundan los pueblos y que eran dibujadas por el paso de los habitantes y del ganado. Ojalá sirvan estas cuatro letras para tomar conciencia de esta perdida. Una entre tantas.

Eran sendas, caminos que llevaban a las personas hasta los guardacantones del camino, hasta el agua, el calor y la sombra según la estación del año. Eran caminos que tenian una ocupación cotidiana del trabajo. Pero también una oportunidad para disfrutar de las excursiones con filete empanado y tortilla de patatas.

En estas rutas no incluyo el trekking de fin de semana, esas que están atestadas de domingueras/os embutidos en mallas de licra con los socorridos chubasqueros color fluor que espantan hasta al más pintao'. No, no te hablo de esos. Te hablo que con la muerte de sus últimos habitantes y el abandono de estos pueblos, no solo estamos perdiendo el patrimonio material sino que la pobre naturaleza se está engullendo, ella solita, las sendas y caminos que ya nadie pisa.

Aunque no lo creas estos caminos funcionaban como verdaderas conexiones neuronales que nos atrapaban con su modo de vida y casi de pensar (elijo este o aquel) que están expirando, expulsados por el imparable y creciente éxodo a la ciudad.

Cada vez hay menos lugareños que puedan explicarte cómo ir de un sitio a otro en los alrededores de estos pueblos fantasma. Perdemos (todos) el patrimonio inmaterial del recorrido del mismo, las prodigiosas sensaciones de luz, sonidos y aromas que proporcionan cada caminata que emprendemos por estos lares.

Seguimos perdiendo (todos) la memoria de lo que esos caminos vieron a su paso de tanto habitante: la huida de profugos, el paso de viajeros entre pueblos, y por qué no, los cautelosos pasos de los enamorados en busca de un recodo donde reconocerse.

Ya ves, primero se borraron las huellas de las personas por estas sendas. Después fueron los caminos al no ser habitados. Todo conlleva a un elocuente olvido del olvido.

 Escrito por Olivia/Alex Howard en Mayo 2016

6 comentarios:

Atrevete a decirme lo que piensas...Estoy deseando saberlo. Vaaaaaa, dímelo.