Soy (que no es poco)


Soy un hombre lo suficientemente joven o iluso como para haber confundido hasta hace poco la piel con su maquillaje, la mano con el guante que me engancha y no quiere soltarme, y haber puesto la vista en ciertos brillos sin sustancia ni color.

Ahora, en cambio, me esfuerzo por merecer mi nombre, que me acompaña como un traje sastre hecho a medida y que en, cierto modo, me hace más libre pues nada añade ni quita, al hombre que debajo de él habita.

Me detengo y observo que romper la continuidad de alguna conducta supone la obligación de recomenzar, echarse encima algunas gotas de aventura y entrar en un momento cero fugaz  desde donde buscar algún espacio de libertad.

Porque cada vez pienso más firmemente que hay hechos y acontecimientos parecidos a un golpe de viento seco y traicionero en el trayecto de una vida. Mi vida.

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